Hna. Dorina Zanoni: La esperanza es el ADN de la vida consagrada que es Cristo
Hna. Dorina Zanoni: La esperanza es el ADN de la vida consagrada que es Cristo
«La esperanza está en el ADN de la vida consagrada porque ¡Cristo es nuestra esperanza! ¡No existe vida consagrada sin Cristo!» Así opina la Hermana Dorina Zanoni, Superiora General de las Hermanas de la Santa Cruz, en vista de la Asamblea Plenaria de la UISG y también con respecto al actual Jubileo de la esperanza. Y por ello, el título de la Asamblea, «Vida Consagrada, una esperanza que transforma», es una espera y un deseo de una promesa. La misma Asamblea se convierte en un momento para vivir el Jubileo, explica la Hermana Dorina:
«La promesa que deseamos hacernos entre nosotras y a toda la humanidad con la que caminamos en nuestros ministerios. Prometer juntas con nuestra vida que existe una esperanza que no defrauda, una esperanza que es luz en la oscuridad, que es apertura al don, que es cercanía concreta, real, hecha de pequeños gestos cotidianos. Promesa que, con la gracia de Dios y la colaboración entre nosotras, podemos mantener a pesar de nuestra fragilidad.»
La esperanza encuentra mucha sintonía con la espiritualidad y carisma de las Hermanas de la Santa Cruz. Se sienten llamadas a llevar vida en las situaciones límite. La Superiora General subraya que los desafíos que encuentran son muchos y, a veces, se siente la desproporción entre lo que somos y la gran necesidad de las personas. Precisamente en este tiempo de esperanza se puede ir más a fondo en nuestra vida espiritual, para acoger con serenidad nuestra vulnerabilidad, dice la Hermana Dorina:
«Percibimos la disminución de las vocaciones, el cansancio de las energías que se agotan, los desafíos de la sociedad actual siempre en cambio, pero en nuestra debilidad experimentamos Su fuerza. Aprendemos a vivir la misión no como un simple hacer, sino como un testimoniar la esperanza.»
De hecho, hay un proyecto al respecto. La religiosa italiana nos cuenta su experiencia en una aldea, en medio del bosque, donde opera su congregación. La Hermana Dorina conoció a una mujer que le agradeció la presencia de las hermanas no por lo que hacían, sino precisamente porque llegaron allí:
«Ella había sentido en su corazón esto: Dios no nos ha abandonado, nos ha alcanzado aquí, en esta tierra perdida. Existimos para alguien… Esta es una actividad de esperanza que se nos llama a vivir y promover en cada continente: diseñar espacios concretos de relación en nuestras comunidades y en la misión para hacer sentir a las personas que no están huérfanas, sino que son amadas, promovidas en su dignidad y potencial, a través de nuestros ministerios.»
En cuanto a la sinodalidad, las Hermanas de la Santa Cruz se sintieron inmediatamente interpeladas a crecer en esta conciencia y experiencia de Iglesia. Han participado en varios encuentros y trabajos, por ejemplo, abriéndose cada vez más para valorar los caminos compartidos con los laicos y para reconfigurar los estilos de liderazgo a varios niveles.
La Superiora General de las Hermanas de la Santa Cruz también recuerda la «hermosa y significativa» expresión africana: Ubuntu: yo soy porque nosotros somos. Es decir, no se puede existir realmente sin el otro. La sinodalidad nos impulsa a esta conversión de apertura y confianza: juntos se puede, se crece y se lleva vida, destaca la Hermana Dorina:
«La sinodalidad es precisamente el camino de luz que combate el individualismo que existe en el mundo moderno y que también nos afecta cuando no estamos atentas en nuestras comunidades. Creo que la sinodalidad es el camino a la esperanza que transforma porque en Cristo nos convertimos en Uno, crecemos en el respeto por la belleza y la profecía presente en cada persona y vocación.»
En conclusión, la Hermana Dorina admite que es un camino lento, pero posible: «¡Es hermoso creer en ello y quererlo juntas!»
Vea la entrevista en inglés AQUÍ